Cocina macrobiótica, I parte

¿Habéis oído hablar de la cocina macrobiótica? Bien, básicamente se trata de una cocina que se armoniza con nuestro cuerpo y espíritu y que se basa en el principio del Ying y el Yang. Es una dieta que nació en Japón cuyo leit motive podríamos decir que es que “el hombre debe responsabilizarse por su vida y su salud”, por lo cual su alimentación debe ser equilibrada.

La cocina macrobiótica no prohibe nada ni exige practicar una religión, solo entiende que la alimentación es lo que determina nuestra salud y que el origen de todas las enfermedades está en la relación que mantienen con la flora intestinal (débil) o con una irrigación de sangre que no es de buena calidad. Así, lo que pretende la cocina macrobiótica es lograr el equilibrio físico y emocional programando una dieta que divide los alimentos en alimentos ying y alimentos yang.

Yang: la energía es caliente, tonifica: cereales, carne, pescado, sal, verduras, legumbres, etc.

Ying: la energía es fría y debilitante: miel, azúcar, lácteos y derivados, frutas, algunas verduras, el alcohol, etc.

La idea de la dieta macrobiótica es eliminar poco a poco todos los alimentos que producen una energí débil y nóciva (pan blanco, embutidos, carne animal, dulces, alcohol, refrescos), e introducir en cambio las algas marinas, cereales integrales y orgánicos y ciertas prácticas como el reiki o el Shiatsu.

Bien, que nadie dice que hacer dieta es fácil pero quienes han tenido el valor y la constancia de apostar por ella sienten que su organismo es otro. ¿Piensas que podrás con ella? A partir de ahora te iré señalando algunas recetas útiles para ir probando poco a poco de qué se trata.